sábado, 30 de julio de 2011

Capitulo 2





Sonó el timbre para la primera clase, y la muchedumbre que rodeaba a Damen se dispersó. El parloteo del pasillo se fue apagando al tiempo que los estudiantes se dirigían a clase, y el único sonido que se podía escuchar ya era el eco metálico de los portazos en las taquillas y el de la banda del instituto entonando un ridículo arreglo de lo que parecía ser el Why Can't Be You de The Cure.

A pesar de los contratiempos matutinos, Charlotte se esforzó por conservar el optimismo. Después de todo, su primera clase era Física, con el profesor Widget. Y con Damen. Y con Petula también, todo hay que decirlo. La clase de Física se le presentaba a Charlotte como un documental de mundo animal. Tendría la oportunidad de estudiar el exótico comportamiento de chicas tan populares como Petula, las Wendys y sus amigas, y lanzarse a la caza de Damen.
Charlotte se coló discretamente en clase y a su izquierda vio cómo los estudiantes ocupaban sus sitios preferidos, dejaban caer bolsas y abrían y cerraban las cremalleras de sus mochilas en busca de cuadernos, bolígrafos, lápices, calculadoras. Se podía adivinar que era el primer día de
clase porque todos estaban tan bien preparados, por no decir que completamente felices de estar allí.

Los únicos asientos libres que pudo localizar se hallaban al fondo, detrás de Petula y las Wendys. Uno de ellos era probable que se lo estuvieran reservando a Damen, pensó. ¡Genial! El resto del curso pasaría la primera hora al ladito de la Lista A de Hawthorne. Una situación perfecta. Mientras se dirigía hacia el fondo del aula, sin embargo, Charlotte se percató de que su presencia no era precisamente bienvenida. Ni un «choca esos cinco», ni un «¿qué tal el verano?», ni siquiera un «hola» por parte de los compañeros a su paso. Ni un solo comentario acerca de su tan trabajado cambio de aspecto ni tampoco el más mínimo gesto de cortesía. Únicamente desaprobación en el ceño fruncido de las dos Wendys y cara de «¿quién se ha tirado un pedo?» por parte de Petula cuando se aproximó al pupitre que permanecía desocupado detrás de ellas.

Charlotte tomó asiento y miró al frente con ojos inexpresivos mientras contaba cabezas. ¡Ni rastro de Damen! ¡Al final iba a resultar que no estaba en esa clase! Pero tenía que estarlo. Al menos eso era lo que ponía cuando abrió al vapor el sobre de su pre inscripción. Hacerse con ese retazo de información había sido el único objetivo de las prácticas de verano en la oficina del director. Sintió que se le revolvía el estómago. En la pizarra se podía leer en grandes letras mayúsculas ATRACCIÓN Y MAGNETISMO y debajo aparecían los cuatro pelos repeinados del a todas luces decrépito y calvo profesor Widget. Estaba encorvado, y lucía su camiseta LA FÍSICA MOLA UN ION que se ponía cada año a principio de curso.

—Buenos días a todos. Soy el profesor Widget —dijo levantándose de un salto al sonido del timbre. Su pose sufrió una repentina transformación. De la de viejo científico loco a la de presentador de un concurso. Su nombre siempre levantaba alguna que otra risita cuando se presentaba, y ese año no iba a ser la excepción. Pero las risas se apagaron con la misma rapidez con que habían brotado y dieron paso a un mar de miradas entornadas y cuellos estirados. Todos estaban al tanto de los rumores, pero muy pocos habían tenido la oportunidad de observarle así de cerca.

Aunque no resultara obvio a primera vista, a medida que el profesor Widget continuó hablando, advirtió cómo paseaba la mirada sin mover la cabeza un ápice. Es más, parecía capaz de observar a todos los estudiantes a la vez. «Una herramienta muy útil para un profesor», pensó Charlotte, salvo que no se trataba ni mucho menos de una habilidad. Tenía un ojo de cristal.

—Todos ustedes cuentan con algunos conocimientos básicos sobre biología, química y ciencias o de otro modo no estarían aquí, ¿verdad? —dijo con cierto sarcasmo—. De modo que el primer tema que tocaremos este cuatrimestre será —y para acompañar sus palabras se giró de medio lado con una gracia inusitada y señaló, con la palma levantada, la pizarra— atracción y magnetismo, las leyes de la atracción.

»A todos ustedes les interesa la atracción, ¿correcto? —continuó haciendo vibrar las erres. Charlotte tuvo que sujetarse el brazo para evitar que éste saliera disparado hacia arriba y expresar cuan de acuerdo estaba con él—. Y puesto que yo siempre he creído que la mejor forma de aprender es la experimentación… nuestra primera tarea será escoger pareja para las prácticas de laboratorio. De modo que levántense, por favor, y busquen pareja.

Los alumnos empezaron a mirarse unos a otros y señalaban a sus amigos en diferentes puntos del aula, algunos gritaban y daban saltitos como si acabaran de entrar en la Academia de Operación Triunfo. Las Wendys ya formaban un combo y Petula seguro que quería a Damen, aunque no lo suficiente como para esperarle mucho mas tiempo. Pasados unos breves segundos de impaciencia, tiró hacia sí de la más próxima de las dos Wendys, Wendy Thomas, para no quedarse colgada y emparejada a un perdedor.

Wendy Anderson, a su vez, se emparejó a toda velocidad con el último guaperas que encontró, mientras los demás hacían su elección frenéticamente. Charlotte se quedó sola, la única a la que nadie había escogido. Tanto la había distraído la ausencia de Damen que no había prestado atención a nadie más. Pero ahora, al verse allí humillada hasta el tuétano, la totalidad de su historia escolar se le vino encima como un jarro de agua fría.

«¿Cómo es posible sentirse tan sola en una habitación repleta de gente?», pensó al tiempo que sentía que sus orejas empezaban a arder.

Widget paseó la mirada por el aula y detectó a unos cuantos rezagados que entraban en el último minuto, y procedió a hacer un llamamiento nada entusiasta en favor de Charlotte.

—Vamos, chicos, parece bastante capaz.

Charlotte estaba esperando que se lanzara a dar voces como un subastador, pero se equivocó, a Dios gracias.

—¿Nadie que quiera emparejarse con…? —Widget la señaló y farfulló torpemente tratando de dar con el nombre de Charlotte, pero no consiguió recordarlo—. Esto ¿con ella?

Pero antes incluso de que acabara de formular su pregunta, los estudiantes estaban ya todos emparejados. El sonido de la banda de música que ensayaba en el pasillo pareció ganar intensidad ahora en los oídos de Charlotte. Y las risas que dejara atrás junto a la hoja de inscripción para animadoras retumbaron de nuevo en su mente.

Justo cuando la situación no podía ser más embarazosa, la puerta se abrió de golpe.

—Siento llegar tarde —se apresuró a disculparse Damen ante el profesor Widget.


¡Allí estaba! Las nubes se habían dispersado y el sol volvía a brillar.

—Vaya, precisamente la persona que andábamos buscando —contestó Widget, consciente de que emparejarle con Charlotte era castigo más que suficiente por su tardanza. Y continuó—: Le presento a la que será su pareja este cuatrimestre.

—Tengo una nota —imploró Damen con la mirada desorbitada.

Charlotte no cabía en sí de gozo. Ya era una suerte que él estuviera en su clase, pero que además fuera su pareja de laboratorio era el culmen de la felicidad. ¿De veras estaba sucediendo? Sin saber cómo, consiguió mantener la compostura cuando Damen se dirigió hacia ella, resignado.

El profesor Widget se acercó para decirle algo a Damen pero, debido al ojo de cristal, Charlotte pensó que tal vez fuera a ella a quien se dirigía. Ninguno de los dos estaba seguro del todo y ninguno quería empezar con mal pie, de modo que ambos prestaron atención.

—Creo que debería aprovechar este emparejamiento. Yo diría que es cosa del Destino —dijo Widget, guiñando su ojo sano.

Charlotte estaba loca de contenta y completamente conforme, mientras que Damen parecía algo deprimido y un poco confuso, tanto por la afirmación como por el ojo de cristal de Widget, el cual veía de cerca por primera vez. El profesor Widget se inclinó hacia Damen en un gesto muy suyo.

—Le diré algo, van a presionar mucho a los estudiantes atletas este año. Hay una nueva política. O conserva una media de aprobado en todas las asignaturas o le echan del equipo advirtió.

Charlotte, viendo una oportunidad para avanzar en su estrategia, sonrió y espetó:

—¡Me encanta la física!

El profesor Widget y Damen la miraron con cara rara, como quien observa a un loro amaestrado graznando palabras absurdas desde su jaula. Widget se alejó con una sonrisita burlona en el rostro y empezó a recoger sus cosas. Damen se inclinó hacia Charlotte, tratando de ser discreto.

—Oye— susurró Damen—, esto —tartamudeó, al tiempo que trataba con torpeza de dar con su nombre.

— Charlotte —contestó ella amablemente, apuntándose a sí misma con un dedo.

—Eres lista —continuó él como si tal cosa.

—Gracias —repuso ella, y cruzó las manos a la espalda de forma modesta, como si él le hubiese hecho un cumplido insinuante.

—Me pregunto si .... ? —prosiguió


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